Tiempos de talleres y concesionarias de autos en Maipú (Primera parte) - Por Horacio Lostra

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    El agradecimiento al Sr. Horacio Lostra por permitir compartir sus "Recuerdos maipuseros", por medio de esta Biblioteca, con los lectores.


    TIEMPOS DE TALLERES y CONCESIONARIAS DE AUTOS EN MAIPÚ.

    Por Horacio Lostra. 

    (Primera Parte)


    Taller mecánico de Nicolás Galante en calle Alsina entre Madero y Julián Lynch en esta foto del año m1942. 

                Hay un tango cuya letra dice “Como nos cambia la vida…” y podríamos agregar: Las cosas que cambian los años…

                 Y como el título lo indica nos estaremos refiriendo a la gran cantidad y variedad de talleres mecánicos que habían en nuestro Maipú hace algo más de medio siglo, varios de los cuales se convirtieron en Concesionarias de las marcas de automotores, que los vecinos maipuenses podían apreciar, mirar, probar, elegir y adquirir en el propio lugar donde vivían; sin necesidad de tener que trasladarse a otras ciudades, como ocurre en la actualidad, dado que hoy no existe ninguna concesionaria de automotores en nuestro pueblo, aunque sí algunas personas que se dedican a intermediar en la compra venta de automóviles y utilitarios.

                 Archivos municipales indican que a mediados del siglo pasado existían tres concesionarias, con sus respectivos talleres y sección repuestos. Eran de las marcas Chevrolet, Ford y Dodge.
     La concesionaria Chevrolet pertenecía a Santamaría Hnos., ubicada en Belgrano 340, donde hoy hay una agronomía. Años más tarde se trasladó a su flamante local de Alsina al 220, al lado de la YPF que también era y aún lo es, de la Filia Santamaría. Fueron varios los mecánicos que allí trabajaron, de los cuales podemos recordar a Tulio Trotter (el padre de Daniel, gran trompetista), Juan Martín, Luquez, uno de los hnos. Ferruchelli se encargaron de la asistencia técnica mecánica junto al vasco Otazúa, que luego pasó a una concesionaria Chevrolet de Mar del Plata.

                 El autor de esta nota recuerda que el primer automotor que tuvo, a los 18 años, allá por el año 1962, fue una camioneta Chevrolet modelo 1927/8. Comprado en el taller Pelliza y Varela. En realidad, era un auto 4 puertas, modelo Doble Phaeton, primer Chevrolet argentino, que había sido convertido en camioneta, anulando los asientos traseros donde instalaron la caja carguera. A este modelo le llamaban “El Campeón” ó “La Campeona”, porque había ganado algunas carreras en esos tiempos. 
                
                Como se podrá observar en la imagen que acompaña esta nota, las ruedas estaban compuestas por una llanta metálica, donde iba el neumático –muy angostito- y los rayos de madera, que quedaban fijos, de modo que cuando era necesario cambiar un neumático lo que se retiraba era la llanta con la goma, que se desprendía de los rayos sacando unos tornillos que la fijaban, mientras que los rayos quedaban fijos al eje. 
         
                A veces era complicadita la tarea cuando se pinchaba una goma, porque se solían girar las tuercas y la llanta no salía. En fin, era toda una odisea. Eso sí, en el barro no te encajabas nunca, porque era un auto livianito y con sus ruedas angostitas se pasaba por cualquier pantano. No se recuerda si el arranque eléctrico era original o adaptado, pero lo tenía y cuando la batería entraba a flaquear – cosa bastante común- había que darle manija, para lo cual había que ser un experto para no salir con el brazo golpeado en esa operación. 

                También, muchos años después volvió a la marca y se le subió a un Chevrolet 400 color amarillo limón, que había comprado de 0 Km. don Ismael Arrechea – el padre de Quela- y no habrá dudas que fue el modelo que más satisfacciones le dio a la marca, ya que su fabricación se extendió durante muchos años, con pocas modificaciones (Faros, colores, etc.).

                 La producción y venta de los sedanes Chevrolet se inició en 1937, deteniéndose momentáneamente en 1942 al verse afectada la producción por la recesión de la Segunda Guerra Mundial. Tras este conflicto, la producción se reinició en 1945 continuando hasta el año 1952.

     Hay una anécdota sobre un vecino maipuense que siempre quiso tener un auto, pero, a pesar de contar con los recursos amarrocaba la plata bajo el colchón porque le dolía gastarla. Un día se acercó a la concesionaria y le gustó mucho uno de los modelos “Sedan”. Ahí nomás entró y, para asegurarse preguntó:

    -  ¿ESTOS SON LOS AUTOS QUE SE DAN? 
    dando por entendido que el nombre del modelo “SEDAN”, indicaba que había una promoción y eran gratuitos. Ante la sonrisa de Santamaría, el vecino replicó, 
    -  SI SON LOS QUE SE REGALAN QUIERO UNO COLOR NEGRO.

                 En esos tiempos se relacionaban mucho las marcas con el automovilismo deportivo. Así, con Chevrolet alcanzó la fama Juan Manuel Fangio que obtuvo sus primeros dos campeonatos de automovilismo, al ganar en los años 1940 y 1941 sus dos únicos de campeonatos de TC y los primeros dos títulos de la marca Chevrolet en dicha categoría. También se destacó Eusebio Marcilla y Domingo Marimón. Unos años más tarde, en 1966, Juan Manuel Bordeu repetiría el éxito logrado por Fangio, dándole a la Coupé Chevrolet su tercer título. En una nueva etapa del TC otras figuras que se destacaron con la marca Chevrolet fueron Marcos Ciani y Jorge Cupeiro, en distintas épocas.

                 Otra de las Concesionarias que ya funcionaba en la década del ’40 era la FORD, que ocupaba casi ¼ de manzana en Belgrano y Moreno (hoy Banco Nación), cuyos propietarios eran los hermanos Juan, José y Rodrigo Lago, de los cuales Don José la mantuvo hasta su cierre. En esa agencia trabajaron Reynaldo Elizondo, en sección repuestos; en escritorios Chacho Zubiaurre, Mario Artiñano y Eric Blanes; mientras que en el taller estaban el especialista en soldaduras Sr. Gamberini y varios mecánicos de los cuales podemos citar a Manuel Ferrara, el “Gallo” Di Paolo, Tenti, y Achi Bufarini.
    A mediados de la década del ’50 se produjo un voraz incendio que destruyó gran parte de las instalaciones de esta, la que fue, la mayor concesionaria de la época.
                 
                 El primer auto que revolucionó el ambiente fue el Ford T, que, en principio, por 1908 en EEUU, fue totalmente elitista, costaba unos u$s. 850.- pero a poco andar se convirtió en herramienta de trabajo y al alcance de cualquier ciudadano medio, ya que al aumentar mucho la producción se pudo vender a sólo u$s 260.- Esta baja en los precios se debió a la implementación de la revolucionaria CADENA DE MONTAJE, que cambió totalmente el sistema de producción. 

                Hasta entonces un auto se fabricaba sobre un caballete desde su inicio hasta la puesta en marcha. Con la cadena de montaje, la fabricación se iba realizando a medida que el auto se desplazaba por unos rieles y, a medida que avanzaba, los operarios le iban instalando las partes, hasta que, al llegar al final del riel el auto salía competo. Así, completada la cadena, cada pocos minutos salía un auto nuevo de la cadena de montaje, eso produjo un importante ahorro en el costo de la mano de obra y el aumento de la producción. Y a mayor oferta la baja del precio se produjo automáticamente, de acuerdo a los principios de la ley de la oferta y la demanda:” A mayor oferta los precios bajan y a mayor demanda los precios suben”. Este revolucionario sistema aún se utiliza, con la modernización correspondiente a la nueva época.

                 En el terreno deportivo de aquellos tiempos, Ford era el principal rival de Chevrolet y con la marca se lanzaron a la fama los ídolos máximos de la marca: Los hermanos Oscar y Juan Galvez, que compitió entre los años 1949 y 1961, mientras que Oscar lo hizo por varios años más, retirándose el 18/10/1964. También se destacaron con la marca Dante y Torcuato Emiliozzi y Rodolfo de Alzaga, entre otros. El “Aguilucho” Oscar Galvez (sinónimo de FORD), comenzó corriendo picadas con su hermano Juan en los bosques de Palermo o en los de La Plata, hasta que la policía los corría, aunque nunca podía alcanzarlos. Primero se compraron un “Ford T” y luego un “Ford A”. Siempre corrieron con la marca Ford. 

                Por esos tiempos corrió varias carreras en TC, con una coupecita (creemos que Ford) un maipuense: Héctor P. Giorgis, el dueño de una ferretería y Materiales p/construcción de Moreno y Ramos Mejía. Lo novedoso era que en algunas carreras hizo de acompañante Edgardo Di Martini, el mismo que fuera Intendente de Maipú representando al Partido Justicialista, en el período 1953-1955, hasta que fue intervenido el municipio, poco antes del golpe militar del 16 de Setiembre de 1955.
     Por esos tiempos toda una aventura ir por la ruta 2 (pavimentada) hasta el cruce con calle Ayacucho y luego por esta última, en los años ’50 a ’60 a ver pasar a las cupecitas, en la tierra y a veces en el barro y lomos de burros, a una velocidad increíbles para la época y con una mano magistral en la conducción de los pilotos.

                 El que escribe esta nota, promediando la década de 1960, compró el que fue su segundo auto, en sociedad con su tocayo y compañero de trabajo en la Farmacia Parisi, Horacio Omar Burgos, más conocido por su sobrenombre de “Gallareta”, hoy Óptico en Mar de Ajó. La operación también se hizo en el Taller de Pelliza y Varela. Qué auto era ese “Ford A”¡¡¡ modelo Pethon 28/29. Era un 4 puertas y ventanillas de lona extraíbles, que traían una ventanillita de mica transparente, con techo vinílico y tapizado de cuero. 

                Arranque eléctrico y tenía una palanquita a la izquierda del volante que atrasaba o adelantaba la marcha del motor, lo que le valió la denominación de “Ford a Bigote”. En marcha era “un violín”, no hacía ningún ruidito raro. Regulaba que era un lujo. Lo probamos en velocidad y llegaba dar 110 Km/h. sin producir ninguna vibración. El dueño anterior, que suponemos lo tuvo de 0 Km., era Don Luis Ledesma, padre de Isolina y Patricia; que trabajaba en la Estancia Santa Elena, de la familia Cullen. Se tardó un tiempito para poder hacer la operación porque Don Luis quería tanto ese auto que le costaba mucho desprenderse de él.

                 En una próxima entrega les tocará el turno a las restantes Concesionarias de Automotores de aquel Maipú de antaño, que son unas cuantas.



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